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Por Lic. María Laura Panero Psicopedagoga y psicóloga del Centro Familiar Eirene Los niños y las crisis Una crisis es un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente, por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando los métodos o recursos acostumbrados.
Las crisis son parte de la vida. Hay crisis que son universales, son comunes a todos, y son parte del ciclo evolutivo, del crecimiento, como por ejemplo la adolescencia, el ingreso a la escolaridad, el retiro laboral, etc.
Pero otras crisis, las circunstanciales, son inesperadas y dependen sobre todo de factores ambientales o externos... entre los niños podemos reconocerlas en la separación de los padres, el fracaso escolar, la muerte de algún ser querido (o alguna mascota), el cambio de colegio, una mudanza, etc. Algunas de estas crisis, son transitorias, porque reflejan la dificultad para adaptarse a las demandas de la situación nueva o a los cambios rápidos que se han suscitado, pero luego con el tiempo y la movilización de recursos adecuados, la crisis es resuelta, y el niño se encuentra en una nueva etapa de mayor organización y adaptación.
Pero en otros casos, cuando ese sufrimiento cursa en el tiempo, es persistente y acumulado, el estado de crisis se cronifica. Emergen en el niño patrones de comportamiento que demandarían una atención y un cuidado especial. Algunas veces, estos estados, conforman cuadros psicológicos en sí mismos, que requieren ser diagnosticados. Una crisis no resuelta puede derivar en patología, por eso la importancia que tiene este tema para que sepamos detectar a tiempo y acompañar adecuadamente.
Cuidado: Niño en crisis Cuando el niño comienza a vivenciar una circunstancia como estresante, comienza la fase de crisis. El cambio, la pérdida o el trauma que haya tenido lugar, genera un aumento de la tensión en su psiquis, y esto produce malestar. A veces, al comienzo surge alguna sintomatología “esperable”, dentro del proceso normal de “acusar” la crisis. Podría darse que el niño se ponga inquieto, o muestre baja energía, que no quiera afrontar solo situaciones que previamente no le generaban temor, que baje su rendimiento escolar o capacidad de aprendizaje, etc. Como los adultos, que cuando tenemos un problema nos cuesta concentrarnos en nuestro trabajo o tareas habituales, o sufrimos cambios en el ritmo del sueño o en la alimentación… los niños también pueden producir síntomas debido al malestar inicial.
Ahora es necesario estar muy atentos, ya que si los síntomas se profundizan y se hacen más graves, o persisten en el tiempo, será necesario intervenir con la ayuda adecuada. Aquí presento una lista indicativa de las manifestaciones que pueden presentar los niños que atraviesan una crisis, y que deberán ponernos en estado de alerta:
Manifestaciones de niños en crisis • Síntomas físicos: dolor de panza, de cabeza, quejas somáticas • Cambios o alteraciones en el estado de ánimo: irritabilidad, agresividad, dificultades de concentración, crisis de llanto, miedos. • Cambios en la conducta: muy movedizo o poco movedizo, rabietas,. Juegos repetitivos. Dependencia o rechazo a la separación. • Regresiones en la conducta, lenguaje u otros aprendizajes (Por ejemplo: hacerse pis encima (enuresis), mutismo selectivo, chuparse el dedo) • Pesadillas, terrores nocturnos en los más pequeños. Insomnio. • Sentimiento de culpa, vergüenza, baja autoestima. • Preocupaciones respecto al futuro, aislamiento. • Rechazo por ir a la escuela o lugares que habitualmente concurre. • Rebeldía • Ponerse más demandantes.
Una historia infeliz no conduce necesariamente a un destino infeliz Hace algunos años, se llevó adelante un estudio que permitió analizar qué es lo que permite a una persona que vive condiciones adversas y está expuesta a múltiples “factores de riesgo”, sobrellevar los mismos y tener un desarrollo sano. Se estudió por largos años a un grupo de niños desde la infancia hasta la adultez, todos ellos crecieron expuestos a condiciones de pobreza, stress, disfunciones y patología familiar, sin embargo muchos de ellos pudieron alcanzar un desarrollo exitoso. ¿Qué lo había hecho posible? El hecho en la vida de estos sujetos que se daba sin excepción era que todos habían gozado en su desarrollo del apoyo irrestricto de algún adulto significativo. El afecto, el amor recibido, estaba en la base de tales desarrollos exitosos. El acompañamiento “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14) A veces, pensando en grandes actividades, materiales o programas que “impacten” la vida de los niños, perdemos de vista el valor y el poder que tiene la relación significativa que podamos establecer con el niño. Normalmente, el tiempo y espacio estipulados para ello son los encuentros que tenemos en el templo, ya sea en el culto, la escuela bíblica, u otras actividades. Es importante en esos tiempos, hacerles sentir el amor incondicional, fijando al mismo tiempo límites claros y firmes. Esta es la base de un vínculo sólido y sano.
Sin embargo, también podemos generar otros espacios y tiempos que nos permitan construir relaciones significativas con ellos, e innovar en otros canales para la relación. Tal vez puedes encontrarte con el niño para darle apoyo en alguna materia, o para practicar algún deporte, o ir a verlo a un acto o muestra escolar, o realizar juntos alguna salida.
Nuestra especificidad como maestros o líderes espirituales, consiste en proporcionarle las ayudas para guiarlo a una relación más plena con Dios y a experimentar la plenitud en todas las áreas de su vida. Frente a una crisis, en el aconsejamiento, es fundamental darle una perspectiva distinta y de esperanza, utilizando la Oración y las promesas y verdades de la Palabra.
Otras sugerencias para el acompañamiento frente a la crisis:
• Ser cálido y apropiadamente afectuoso. • Permitir la expresión de emociones • Ser cuidadoso en el interrogatorio • Mostrar comprensión, confianza. Confidencialidad. • No minimizar • No sobreproteger • No victimizar • Analizar las propias limitaciones. ¿Hay alguna razón obvia por la cual no debería involucrarme en esta crisis? • Detectar la necesidad de ayuda externa. • Ayudarlo a pensar qué puede hacer con los recursos que posee • Trabajar con la familia. • Trabajar en equipo. • Contar con asesoramiento profesional. • Capacitarse. • Desarrollar recursos a partir de la experiencia.
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