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UN LLAMADO AL SERVICIO Y A SER INFLUENCIA POSITIVA

Un llamado a dejar la indiferencia y comenzar a vivir en amor y verdad

Por Cecilia Naddeo y M.L. Panero

 

 Ve a llamar a tu esposo, y vuelve acá —le dijo Jesús.
—No tengo esposo —respondió la mujer.
—Bien has dicho que no tienes esposo. Es cierto que has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad.
—Señor, me doy cuenta de que tú eres profeta.
—Sé que viene el Mesías, al que llaman el Cristo —respondió la mujer—. Cuando él venga nos explicará todas las cosas.
—Ése soy yo, el que habla contigo —le dijo Jesús.
S. Juan 4:16-19, 25-26

 

 

El encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Una época donde los hombres no se dirigían en público a las mujeres. Un judío y una samaritana, dos naciones con  una antigua antipatía. Una mujer con un estilo de vida “opuesto” al estilo que Jesús venía proclamando.

Tal vez hubiera sido más cómodo para Jesús ignorarla allí en el pozo, o solamente limitarse a pedirle un poco de agua,  sin entrar en confrontaciones “embarazosas”, pero ni la indiferencia, ni el odio o la condenación, fuero alternativas para Jesús en este encuentro.
El Maestro, nos brinda un ejemplo de supremo amor, aquel que –no obstante- no pasa por alto la verdad.
Jesús no confronta a la mujer con su estilo de vida incorrecto para condenarla, sino porque quiere presentarle un plan de redención. Identifica el sufrimiento que el pecado le provoca, se muestra interesado por ella, así como no es ajeno a sus necesidades. No le importa cruzar barreras raciales, sociales, de género, religiosas… y se presenta a sí mismo como el Mesías, Aquel que puede traerle una nueva vida, abundante, plena, que sacie de una vez por todas su sed: devolverle la sensación de sentirse valiosa, amada, dignificada, buscada y rescatada, (en lugar de abandonada, despreciada y desechada vez tras vez).
En la actualidad, como familias cristianas que buscamos vivir el estilo de vida que Jesús nos ha trazado, a veces olvidamos ser testimonios de amor en nuestras comunidades, y mucho más, con aquellos que viven culturas, creencias, o estilos de vida diferentes. Corremos el peligro de “apartarnos” de dichos seres, emitir juicios acerca de ellos, o replegarnos en nuestra propia “seguridad” de estar en el camino correcto.
Muchas veces, caemos en el error de sentirnos “dueños” de la verdad, y por lo tanto, creemos que tenemos la capacidad de juzgar el bien o el mal en la vida de los otros. Lo único que podemos hacer es reconocer que no tenemos tal autoridad, y presentarles al “Mesías” que sí la tiene. (“Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. S. Juan 8:32).
En una época donde se habla mucho de “tolerancia”, solemos confundirla con “indiferencia”.
Jesús nos enseñó con sus palabras y su ejemplo, a vivir en amor y en verdad.
“Al contrario, el amor debe hacernos decir siempre la verdad, para que en todo lo que hagamos nos parezcamos cada vez más a Cristo, quien gobierna sobre la iglesia”.Efesios 4:15
El amor bien entendido, es activo, sale al encuentro, tiene un costo, toma riesgos porque considera que el otro lo vale. Nos da la capacidad de amar al pecador, separando su ser de su hacer, amarlo a pesar de su comportamiento, rogándole que siga el camino correcto.
Es necesario volver a beber de la “fuente” del amor, para poder seguir el camino que Jesús nos dejó respecto al trato de los que viven diferente a nosotros.

Oración:
"Señor, gracias por tu inagotable amor. Ayudanos a experimentar la libertad que trae acercarnos a tu Verdad, y a ser testigos de esa experiencia para los que no te conocen".
 
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