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UN LLAMADO AL SERVICIO Y A SER INFLUENCIA POSITIVA

La familia más allá de los vínculos fraternos

Cecilia Naddeo y M.L. Panero

 

 

 
“Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.”
Marcos 3: 31-35

 

 

Este controvertido pasaje nos muestra una nueva forma de ser familia.  Decimos controvertido porque la llegada de la familia de Jesús no se trata de una visita de cortesía. 

En el contexto general del pasaje, vemos que anteriormente se presentaron los parientes para llevárselo porque “estaba loco” (Mr 3: 20 21).  Ahora los parientes vuelven a buscarlo, pero en este caso  se habla de su madre y sus hermanos. Estos deciden quedarse afuera, mientras una multitud rodea a Jesús buscando aprender de sus enseñanzas.

Desde nuestra cultura occidental nos vemos tentados  a pensar en la familia a partir de los lazos  consanguíneos o los que establece la ley. La descendencia y el matrimonio parecen ser vistos como la únicas formas “verdaderas” que permiten establecer relaciones significativas.

La Palabra de Dios nos referencia muchos ejemplos de familias que se forman más allá de los vínculos formales de procedencia biológica.  Según Maldonado “la amistad, la solidaridad, el compromiso y la fe se presentan en  el mensaje bíblico como elementos aglutinantes poderosos y eficientes para formar familia, ya sea porque los lazos tradicionales fallen, porque están ausentes o simplemente, en adición a ellos” (1).

En este pasaje Jesús da muestra de una nueva concepción de familia. Ya no es la sangre el criterio de fraternidad o el único referente del vínculo, sino la pertenencia al grupo de sus seguidores. Así se constituyen entre los grupos que se relacionan con Jesús, hermanos y hermanas que forman la comunidad de los discípulos.

Nos alienta pensar que en esta nueva concepción, no hay creyente en Jesucristo que esté desprovisto de familia, determinado a la soledad. La invitación a la vida cristiana nos saca del aislamiento y nos convoca a la vida en común, a la comunidad de fe.

Podríamos pensar que  el vínculo que instituye Nuestro Señor “Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre” es un lazo poderoso y permanente que supera los vínculos biológicos o que marca el registro civil.

Oración:

“Señor, ayudanos a mantener una actitud proactiva para que nuestras comunidades de fe se vuelvan ese lugar de protección y refugio que sabe cumplir con  tu  voluntad (“Pues la ley entera se resume en una frase: amarás al prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:14) y así vivir  vínculos de influencia positiva unos con otros.”

 (1) Maldonado , J (1996) “Aún en las mejores familias”, Nueva Creación, Bs. As, Pág. 83

 
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