
| Adolescentes: ¿desamparados y dispersos como ovejas sin pastor? |
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por Alejandro Teixeira Compartimos algunos datos que nos permiten ilustrar la fragilidad de los adolescentes en un país que ha transformado en descartables tanto a las personas como a los valores esenciales al cristianismo. Nuestro país distribuye desigualmente posibilidades y oportunidades, dado que aquello que podríamos llamar «la cultura adolescente» no involucra a los segmentos infanto-juveniles más pobres, que para muchos sólo existen como un número, una mera estadística que indica que «el 70% de los menores de 14 años es pobre».(1) Los datos de esta violencia cotidiana son elocuentes: -Hoy los adolescentes son explotados económicamente: un millón doscientos mil trabajan en condiciones laborales sumamente precarias.(2) -Un estudio del Sedronar entre estudiantes del nivel medio indica que la edad de inicio para la marihuana es los quince años. Un 5% dice haberla consumido alguna vez, mientras que aproximadamente cincuenta mil aseguran haberla consumido recientemente.(3) -Argentina es el segundo productor mundial de bulimia y anorexia.(4) -La tasa de suicidios de jóvenes entre 10 y 19 años creció casi al doble en la última década, la más alta en todo América.(5) -Un 62% de adolescentes reconoció que algunas noches supera el litro de cerveza. Ochocientos mil adolescentes de entre doce y quince años consumen alcohol de manera más o menos regular. La producción de cerveza creció al doble en la última década.(6) Dos de cada tres estudiantes secundarios beben alcohol habitualmente.(7) -En los últimos cuatro años, casi el 90% de los menores de doce años transitó alguna vez en la pobreza.(8) -La demanda de consultas de menores con problemas psiquiátricos creció casi un 60% entre 1994 y 1996.(9) Este contexto transforma en denuncia profética la actitud de Jesús ante la realidad de su pueblo: «Al ver las multitudes tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor» (Mt 9:34-35). Las palabras que se utilizan en este pasaje para describir la condición del pueblo son tremendamente impactantes por su pertinencia actual. «Desamparadas» puede designar un cadáver que es víctima de las aves de rapiña. Significa que el pueblo es esquilmado por hombres rapaces, vejado por quienes carecen de piedad, tratado con insolencia gratuita. También puede aplicarse a quien está totalmente agotado por un viaje que parece no tener fin. «Dispersas» significa estar postrado, y puede describir la situación tanto del que está postrado por haber bebido demasiado como la del que ha quedado postrado después de una pelea, por haber recibido heridas mortales.(10) Esta denuncia profética del Señor cobra un significado muy desafiante para nosotros. Es un claro llamado a la iglesia a ser conciente de su responsabilidad y de la oportunidad histórica de servir a esta generación de argentinos. Si tomamos como modelo el accionar del Señor, toda nuestra lectura de la realidad deberá generar acciones concretas que sirvan para modificar la realidad. Jesús recorre, observa, siente y piensa para actuar en consecuencia con algún proyecto alternativo, que brinde respuestas concretas a aquellos que confíen en él. La visión de Jesús desea, permanentemente, generar acción. La docencia y la pastoral nos revela que si se brinda a los adolescentes un espacio de contención integral con propuestas de acción, suelen ser sumamente creativos y productivos en la extensión del Reino de Dios en medio de su generación. Sin embargo, para que esto ocurra, es necesario comprender que se ha producido en el mundo una auténtica revolución cultural. Han cambiado profundamente la vida y las costumbres de los pueblos. Hasta la misma psicología de los hombres y mujeres ha sufrido una conmoción interna… La iglesia no puede permanecer al margen de esa nueva realidad. Los teólogos tienen el deber de estructurar «los signos de los tiempos» a la luz del evangelio para responder desde la fe a los nuevos problemas, que están creando un clima de angustia y ansiedad. Es indispensable buscar nuevas fórmulas y asumir nuevas responsabilidades para que la Iglesia recobre su prestigio y su eficacia en esta sociedad que es tan distinta de la anterior.(11) Esto exige desarrollar nuevas acciones pastorales, que conozcan las virtudes y los riesgos del mundo cultural del adolescente; acciones que reconozcan la individualidad de cada sujeto y de cada grupo, a fin de descubrir en las características, intereses y necesidades de cada adolescente las oportunidades ministeriales para contextualizar el evangelio y servir a esta generación en el marco teológico de la misión integral: Así las cosas, ¿no habrá llegado la hora de darle a Dios una nueva oportunidad? No, claro está, porque él la necesite, sino porque la necesitamos nosotros. Y no a un Dios cualquiera, sino al único Dios verdadero: el revelado en Jesucristo como pasión por lo humano.(12) ¡Que muchos adolescentes dejen de estar desamparados y dispersos como ovejas sin pastor depende, en gran medida, de cada uno de nosotros! Referencias 1 INDEC, Encuesta Permanente de Hogares, Mayo de 2002. 2 UNICEF Argentina, www.un.org.ar, «Análisis de la situación de la infancia en la Argentina». 3 Clarín, 19 de noviembre de 2002. 4 La Nación, domingo 16 de julio de 2000, «No hay talla para usted». 5 Ciudad Internet, 25 de septiembre de 2002, según cifras del Programa Nacional de Estadísticas del Ministerio de Salud. 6 Clarín, domingo 22 de junio de 2001. 7 Clarín, 19 de noviembre de 2002. 8 Clarín, jueves 3 de octubre de 2002. 9 La Nación, lunes 15 de septiembre de 1997. Fuente: Hospital Municipal Doctora Carolina Tobar García, único centro público para internación infanto-juvenil del país. 10 William Barclay, El Nuevo Testamento. Mateo, La Aurora, Buenos Aires, 1973, vol. 1, pp. 372-373. 11 Vicente Enrique y Tarancón, Cristianisme i Justícia. De cara al tercer milenio. Lecciones y desafíos, Sal Terrae, Santander, 1994, pp. 9-10. 12 Juan L. Ruiz de la Peña, Crisis y apología de la fe. Evangelio y nuevo milenio, Sal Terrae, Santander, 1995, p. 296. Alejandro Teixeira, argentino, es Licenciado en Ciencias de la Educación y profesor adjunto en el Programa de Asesoramiento Familiar de Eirene. Tiene experiencia en el trabajo con adolescentes y jóvenes en el ámbito evangélico. Artículo tomado de la Revista Kairós (www.kairos.org.ar) |