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La iglesia: "Poder una utopía" - Mensaje acto de graduación del CAF 2005

por Gustavo Valiño

En mayo de 1968 se produce en Francia un fenómeno social sin precedentes: estudiantes y obreros se movilizan bajo una misma consigna, 'la utopía al poder'. Han pasado casi 40 años y vemos con tristeza que aquellos sueños de utopía están muy lejos de cumplirse.

Tomás Moro usó la palabra utopía en el título de su libro que refería a un país inventado.
Definamos el concepto de utopía: es un lugar inexistente; la concepción imaginaria de un gobierno ideal; un sistema o plan que parece imposible de realizar.
Pero si hay una posibilidad para las utopías, está en el cristianismo, que nos permite pensar como posible lo que no existe. Justamente en eso consiste la fe cristiana.

Lo que quiero proponerles en esta noche ya no es aquella proclama social de la utopía al poder. Yo me conformaría con poder una utopía...
Que pudiéramos como cristianos hacer de la iglesia una utopía posible, si vale la paradoja; es decir, un lugar que sí exista.

¿Qué implica para mí poder una utopía?

1. Que la iglesia se constituya en una comunidad restauradora.

Cuando hablo con las personas acerca de sus conflictos y fracasos, les pregunto si estos problemas los han compartido en la iglesia. La gran mayoría de las veces la respuesta que obtengo es: "en mi iglesia sería el último lugar donde hablaría de esto".
En muchos casos, hemos hecho de la iglesia una comunidad de desconfianza, donde no hablamos de nuestras necesidades por temor a ser juzgados por los demás.
Creo que desde el buen ejercicio de la tarea de asesoramiento, podemos empezar a cambiar; guardando el secreto profesional como principio ético, pero, sobre todo, como prueba de amor y aceptación.
Dios no se escandaliza con nuestros fracasos, tampoco debiéramos hacerlo nosotros con los fracasos de otros.
No estamos para justificar ni para condenar, estamos para entender a las personas que se acercan y ayudarles a que se entiendan a sí mismas y entiendan qué espera Dios de ellos.

2. Que la iglesia sea constructora de convicciones.

En la postmodernidad hemos confundido convicciones con slogans repetidos mecánicamente como verdades absolutas. También estamos sumergidos en el sincretismo religioso, más por comodidad y falta de reflexión que por decisiones razonadas.
A todo este relativismo, la iglesia está respondiendo desde dos posiciones fundamentalistas opuestas, pero que tienen en común: el dogmatismo cerrado, estático y rígido.

  • El fundamentalismo ortodoxo: que confunde la verdad de Dios con tradiciones y formalismos anacrónicos.
  • El fundamentalismo carismático: que desde la omnipotente fórmula del "Dios me dijo" o "siento de Dios", construye posiciones indiscutibles, porque no estar de acuerdo se convierte en una rebelión contra Dios y no en una opinión diferente.

Creo que las convicciones espirituales son construcciones dinámicas, que vamos desarrollando como producto de, al menos, tres elementos que se interrelacionan:

  • La reflexión teológica. Hago hincapié en la palabra reflexión. No se trata de una "bajada de línea", una mera repetición de lo que otro dijo. Reflexión implica pensamiento propio, investigación, diálogo. Uno de los fundamentos de la Reforma Protestante fue que las personas volvieran a tener acceso directo a las Sagradas Escrituras. La iglesia tiene una tarea de magisterio, no de adoctrinamiento.
  • La experiencia espiritual. Las experiencias espirituales, individuales y colectivas, compartidas en el marco de la comunidad como fuentes de riqueza y despliegue de los dones del Espíritu Santo.
  • El diálogo interdisciplinario. Donde nos enriquecemos con el conocimiento de otros ámbitos y ampliamos nuestra mirada de la vida. Debemos reconocer con humildad que nunca sabemos los suficiente, y esto mismo nos impulsa a crecer.

3. Que la iglesia sea formadora de seres libres.

Nuestra misión es darle a las personas la oportunidad de elegir su rumbo. No estamos para decirles lo que tienen que hacer.
Dios nos hizo seres libres, y aún después de la caída, mantuvo el propósito de que lo fuéramos.
Aún cuando envió al Mesías, buscó que pudiéramos elegir: "... a los que lo recibieron..." (Jn. 1.12).
Dios nos hizo seres libres, eso nos da la capacidad de tomar decisiones, pero nos impone la responsabilidad de hacernos cargo de lo que elegimos.
Como asesores, nuestra tarea es de ayudar a las personas a elegir y a hacerse cargo de sus elecciones.
"Proveer asesoramiento pastoral implica establecer una relación de ayuda orientada por el Espíritu Santo, dentro del marco comunitario de la iglesia, entre un asesor y un asesorado, donde el asesor colabora en que el asesorado comprenda su situación y el contexto en el que se encuentra, se escuche a sí mismo y pueda tomar decisiones de cambio fundamentadas en las Escrituras".

Hay una tarea que se desprende del ministerio del Mesías. Dice en Isaías 61.4:
"Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones".

Dios las ha llamado a reconstruir los escombros que arrastran de su historia los que necesitan ayuda. Que el mismo Señor les de gracia para cumplir este desafío.

 
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