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LLEGAMOS AL PUERTO QUE DESEÁBAMOS...

“Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran porque se apaciguaron y así los guía al puerto que deseaban”   Salmo 107: 28-30  


Muchos y diversos son los puertos a los que podemos desear llegar: una profesión, un buen trabajo, integrarnos en una iglesia donde servir con alegría y desarrollar nuestros dones, conformar un matrimonio, ser familia. 


Algunos arriban a estos y otros puertos deseados, sin sortear demasiados obstáculos; otros, si se deciden a alcanzarlos, deben enfrentar dificultades, desafíos. 

 

Y esta fue nuestra experiencia en relación a la paternidad. Nos casamos con la ilusión de algún día formar una familia, con hijos. Tras un año de búsqueda infructuosa comenzaron las consultas médicas, consultas que se convirtieron en estudios, cirugías, tratamientos cada vez más complejos, mucha medicación. Mucho, pero nada...

 

Buscábamos la panza, pero Dios una y otra vez, nos decía: “No”. Fue un tiempo de desilusión, frustraciones, angustias, duelo, atravesado por embarazos de amigas, compañeras de trabajo, nacimientos, alegrías que compartíamos como propias, pero no eran nuestras…

 

Así transcurrieron días, meses, años, en un mar de incertidumbre en el que decidimos tomar algunos salvavidas, para no hundirnos… La fe en un Dios fiel y Todopoderoso -siempre tuvimos plena convicción de que sólo Él nos iba a sacar de esto-, el amor de la familia, expresado en palabras o en silencios, los amigos, el servicio al prójimo, pensar en el otro, la ayuda profesional, pertenecer a un grupo de oración, y a otro de “otros “ que atravesaban la misma espera.

 

“CAMINOS”: así nos autodenominamos. En ese grupo conocimos parejas lindas, jóvenes, virtuosas, aprendimos juntos a reírnos de lo doloroso, de lo injusto, a compartir cargas, a hacerlas más livianas.

 

En estos encuentros, entre otros, escuchamos testimonios de adopción y empezamos a desear cada vez más ser padres, tener un hijo… Sin importarnos ya la forma de concebirlo… Así nos decidimos por la adopción. Aún sin abandonar los tratamientos, empezamos los trámites… Mi esposo como pediatra y yo como asistente social, conocíamos en parte los escollos de este camino…. Pero ahora lo transitábamos nosotros… Entrevistas, armado de carpetas, citas en pleno centro en horarios dispuestos por terceros, participar en grupos para postulantes... Todo con altas exigencias, pero bajas expectativas: “Hay pocos niños en situación de adoptabilidad y un sin número de parejas inscriptas”, “los jueces no entregan bebés a parejas de 40 años, extiendan el rango de edad”; “si quieren bebés viajen al interior y paguen” (sic).

 

Estos y otros tantos mensajes desalentadores acompañaron la espera, y sólo nos animaba mirar hacia arriba... esperar algo sobrenatural, de parte de nuestro Dios… En ese tiempo de espera, empezamos a contar sobre nuestra intención de adoptar, cada vez a más personas, abriéndonos más allá de nuestro círculo cercano. Hasta que un día recibí un llamado de una asistente social de un juzgado civil: “La jueza quiere conocerlos”. “Sí, ¿para qué?”. “Vengan mañana a la mañana con sus DNI”. Y ahí estuvimos, atónitos… a la espera de lo que podría pasar y tras más de una hora de entrevista ante un jurado formado por la asistente social, una asesora de menores y la Jueza , ésta nos pregunta: “¿Están preparados para ser padres de una beba de un mes y 10 días?”, pregunta que respondimos con llantos y abrazos.

 

Esa beba es hoy Serena Milagros. Vida, Alma, Alegría, Esperanza, son nombres que también le hubieran quedado bien, porque eso y más es “Sere” en nuestras vidas.

 

 

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Cuando Dios quiso, como Él quiso… nos guió a este puerto deseado: Ser familia. Ser papás. “Cambió la tempestad en sosiego… se apaciguaron sus ondas...” Luego nos alegramos porque se apaciguaron y así nos guió al puerto deseado… Alabamos la misericordia de Dios y sus maravillas para con los hijos de los hombres”, para con nosotros… Toda la gloria y el Honor sean a Él para siempre!

 

Lorena y Eduardo Ceriotti, integrantes de CAMINOS (Grupo de Ayuda mutua para matrimonios con dificultades para tener hijos, un servicio de Eirene Argentina).

 

Diciembre de 2011

 

 

 
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