
| ALCANZANDO LA META: “Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de ustedes.” (Colosenses 4:8a) |
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Por Jorge Galli
“... estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).
Al analizar nuestro recorrido por esta carta privada de Pablo a Filemón, no encontramos información sobre la suerte que corrió Onésimo en manos de su antiguo amo. Pero si nos guiamos por las palabras que Pablo le dedica a Onésimo en su carta a los Colosenses “uno de ustedes”, podemos inferir que aquella comunidad había sido capaz de vencer las barreras de la esclavitud y lo estaban tratando como a uno entre iguales.
Existen cartas de Ignacio, un mártir cristiano del primer siglo; una de ellas está dirigida al obispo de Efeso. ¿Cómo se llama ese obispo? Onésimo. ¿Será éste aquel esclavo fugitivo? Nunca lo podremos saber con certeza, pero de ser así, estamos ante uno de los grandes milagros de las relaciones interpersonales de la iglesia primitiva.
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